En defensa de la rana Gustavo

En defensa de la rana Gustavo

Reconozcámoslo: crecer con los Teleñecos no es lo mismo que crecer con los Teletubbies. Los niños que merendábamos viendo Barrio Sésamo hemos crecido con unos valores diferentes que los de las criaturas que se quedaban bobos frente a la pantalla viendo a cuatro monigotes obesos y de colorines decir continuamente: “Hoooola… hahahaha”.

Sí, me siento orgulloso de no ser la generación Teletubbie. Creo que somos mucho más espabilados los que aprendimos el cerca y lejos de la mano de Coco, los números con Draco y las cosas que nos contaba la primera rana travesti de la televisión, la rana Gustavo, que además era nuestro periodista favorito. Fuimos testigos de las desquiciantes conversaciones entre Epi y Blas, la primera pareja de hecho gay del mundo del mundo de los muñecos. Resistimos a la obesidad y nos hicimos fuertes frente a la bulimia viendo al Monstruo de las Galletas engullir Chips Ahoy sin parar. Y también observamos con asombro el exhibicionismo de Espinete, un erizo gigante, rosa (otro guiño gay), que se paseaba desnudo por el vecindario durante el día pero que se ponía el pijama para ir a dormir. Resistimos todo eso. Los creadores de Barrio Sésamo nos pusieron a prueba y nos adaptaron sutilmente al mundo de locos al que nos íbamos a enfrentar en la realidad adulta.

Y así crecimos, fuertes y con los pies en el suelo, observando cómo las generaciones que iban llegando dependían cada vez de más aparatos para ser feliz, necesitaban mucho más alcohol en su adolescencia para divertirse y no respetaban ni a sus propios padres. Por eso, yo y mi generación siempre defenderemos a Barrio Sésamo y a los Teleñecos en cualquiera de sus variantes.

Resulta que esta semana salía una noticias de esas dignas de pertenecer al diario ficticio El Mundo Today. Pero no, esta era de verdad. Un pastor evangélico de EEUU llamado Kewin Swanson pedía la pena de muerte para la rana Gustavo. “¿Cóooomo? Con la rana Gustavo no se mete nadie, ¡que la lío eh, que la lío!” pensé yo, y continué leyendo. Al parecer la productora de los Teleñecos decidió hace unas semanas cancelar su colaboración con una cadena de restaurantes al ver cómo su propietario se oponía públicamente al matrimonio homosexual. Y los Teleñecos ante todos son muy tolerantes y ese siempre ha sido uno de sus mayores valores. Así que, lógicamente, la productora de los famosos muñecos decidió desvincular su patrocinio de esa cadena de restaurantes: Los menús de la cadena ‘Chick-fil-A’ dejarían de promocionar los monigotes de Jim Henson en su menú infantil.

Así que el pastor evangélico este cogió un rebote en su programa de radio que ni os podéis imaginar. Dijo en su programa que los homosexuales deberían recibir la pena de muerte y también Teleñecos como la rana Gustavo por “seguir la senda de la sodomía”. Que ni se le ocurra tocarle ni un pelo, porque ahí estaremos nosotros para defenderla. En cuanto a esos restaurantes, ciudades como Boston o Chicago tratarán de impedir que abran más establecimientos de la cadena en sus territorios.

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